Panorámica de un mirador

Viernes 7 de agosto de 2020

Panorámica de un mirador

 

A Cova soporta el paso del tiempo prendida de una ladera. Con un desnivel medio que ronda el 30%, la verticalidad define el paisaje y condiciona por completo la forma de habitarlo. Inevitablemente, la vida aquí transcurre en vertical. Se camina en vertical, se trabaja en vertical y se disfruta en vertical del vertical paisaje. A un lado el abismo y al otro una cuesta infinita. 
 
Aldeas, huertas, bosques, viñedos y caminos se descuelgan hacia el Miño en desordenada sucesión, llegando a desafiar la Ley de la Gravedad. La magia de esta bucólica estampa se sostiene gracias a una aparatosa y robusta red de muros de contención que cubre la ribera y la salva de precipitarse a las aguas. La peculiar belleza de A Cova no sería posible sin el extraordinario esfuerzo que implica hacer habitable la verticalidad de esta tierra. Esa verticalidad, además de embellecer, permite disfrutar mejor de la belleza del entorno, ya que convierte al territorio en un inmenso mirador natural. Y como telón de fondo inalterable de ese escenario, O Cabo do Mundo. El más célebre de los meandros de los cañones del Miño e imagen iconográfica de la Ribeira Sacra, se levanta imponente al otro lado de las aguas del Miño y ejerce de testigo omnipresente de todo lo que ocurre en A Cova. 
 
Fue testigo de la ilusión con que Baldomero Moure empezó a trabajar las viñas en los años 30, cuando regresó de Cuba, y también de cómo su hijo José, Pepe de Cuñas para los que lo conocieron, fundó la bodega en 1958. Hoy en día, cuando faltan pocos años para que se cumpla el siglo de relación entre la familia Moure y A Cova, es testigo de cómo la cuarta generación de bodegueros, José, Paloma y Adrián, bisnietos de Baldomero y nietos de Pepe, encaran el siglo XXI con la misma ilusión y pasión que sus progenitores.  
 
Adegas Moure se encuentra a unos 200 metros de altura sobre las aguas del Miño. Esos 200 metros se salvan en poco más de 500 metros de descenso, lo que deja un desnivel medio que ronda el 40%. Los bancales que se extienden a los pies de la aldea de Cuñas, permiten una panorámica amplia y despejada de toda la contorna. Ese es uno de los motivos que atrae a los visitantes. El otro, es que, cada vez más, el vino de la Ribeira Sacra, es tendencia.  
 
Para José, “año tras año, los vinos de la Ribeira Sacra empezaron a salir en publicaciones locales, regionales, nacionales e internacionales y empezó a verse como una de las zonas más prometedoras para producir vinos de alta calidad. El nombre “Ribeira Sacra” empieza a ser reconocido. Al mismo tiempo, el turismo local de Galicia descubre nuestros paisajes. Las bodegas (y hostelería) invierten y se adaptan al enoturismo, favoreciendo que cada año nos visite más gente”. Gente deseosa de conocer este paraíso de primera mano, buscando la foto más espectacular desde el terraplén más empinado, desde un vertiginoso muro o, en muchas ocasiones, desde las propias viñas. Puede resultar chocante encontrarte a extraños en tu propiedad en busca de la panorámica perfecta, pero es algo a lo que uno se acostumbra y que hasta puede resultar satisfactorio. Adrián lo explica: “la verdad, nos parece agradable que venga gente hasta aquí, nos hace sentir orgullosos. El turismo, por ahora, no es tan masivo como para generar perjuicios; es un turismo responsable y sostenible, que da un poco de vida al pueblo y que se agradece económicamente. Ayuda a la zona. Afecta un poco a nuestro trabajo en los viñedos y en la bodega algunas veces, pero nada que no se pueda sobrellevar con unos simples ajustes”.  
 
 
Esos ajustes, a la vista del creciente interés que levanta este pequeño rincón del mundo, sobre todo desde su candidatura a Patrimonio de la Humanidad, pasaban por ampliar las instalaciones para disponer de más espacio. Entre todos los lugares posibles para llevar a cabo esta obra, escogieron uno muy especial. Adrián nos explica que en ese lugar “estaba el bancal con todos los árboles frutales y el depósito de agua. Íbamos a coger cerezas o a sentarnos encima del depósito, que ya nos gustaba mucho la vista …" Entender que tener la propiedad de unas tierras no implica tener también la exclusividad sobre sus vistas y que, en cierto modo, es casi una obligación permitir que cualquiera que lo desee pueda disfrutar de los encantos que pueda poseer cualquier lugar, condicionó en gran medida esta elección. Además, el lugar, aunque más “de andar por casa”, siempre había sido ya un mirador. 
 
 
Ese lugar, escenario de tantos recuerdos para toda la familia, estaba predestinado a convertirse en un “espacio abierto, adaptable, multifunción... un espacio compuesto por varios espacios y que permitiese adaptarlo a cualquier actividad, desde una cata hasta un concierto. Además, tenía que ser exterior para permitir que cualquiera pudiese visitarlo en cualquier momento”, según explica Paloma, hermana de Adrián. Pero no sólo eso; la nueva construcción debería integrarse en el entorno inmediato y en el paisaje circundante y seguir los principios de economía de medios y sostenibilidad que representan a Adegas Moure. Sin duda, un complicado trabajo de “arquitectura heroica”. 
 
 
Un poco por casualidad, que es como suceden normalmente las cosas importantes, los hermanos Óscar e Iván Andrés Quintela se perfilaron como candidatos a llevar a cabo este proyecto. Arrokabe arquitectos, el estudio que ambos dirigen en Santiago de Compostela, está especializado en construcción en madera, eficiencia energética y rehabilitación, y sus trabajos se caracterizan por adaptarse de un modo excepcional tanto al entorno natural y material preexistente, como a su etnografía y cultura.  
 
 El equipo de Adegas Moure quedó cautivado por el entusiasmo de los arquitectos, así como por su visión y concepto, completamente acorde con las ideas de la bodega. “Fue un tándem que funcionó desde el primer día”. La misma opinión tienen los hermanos Andrés Quintela: “No podíamos haber dado con mejores clientes; con criterio, con sensibilidad, cultos y respetuosos con su territorio. Además, han valorado y confiado en nuestro trabajo a lo largo de todo el proceso. Creo que, cada uno en su disciplina, compartimos discurso y opinión sobre en qué mundo vivimos, en cuál nos gustaría vivir y cuál debería ser el camino para ir en esa dirección”. Tras unas cuantas entrevistas y visitas a la bodega, las ideas empezaron a plasmarse en bocetos. 
 
La parcela escogida consta de un pequeño espacio en el margen de la carretera y la parte correspondiente del primer bancal, situado inmediatamente debajo. Obviamente, lo más adecuado era construir en vertical para adaptarse al desnivel y, al mismo tiempo, aprovechar cada metro cuadrado disponible en horizontal. Se optó por un diseño de dos plantas que se asienta sobre los muros de contención ya existentes. La plataforma de la planta superior se asienta en parte en el espacio al margen de la carretera y en parte se encuentra suspendida sobre el primer bancal, haciendo de tejado de la planta inferior.  
 
La madera que forma el tejado y recubre los suelos proviene de bosques sostenibles de 28 años de edad. Es madera acetilada, lo que quiere decir que su composición molecular ha sido modificada mediante una serie de procesos químicos con el fin de aumentar sus prestaciones. Estos procesos hacen que la madera se compacte lo que, por una parte, aumenta su resistencia y durabilidad y, por otra, reduce considerablemente su degradación, evitando que penetren el aire y la humedad. Además, hace que no sea necesaria la aplicación de productos para el tratamiento de los hongos de la madera, lo que evita que se vea contaminado el viñedo que se extiende a sus pies. 
 
Las barandillas que recorren la estructura están cubiertas por una malla de acero inoxidable que, con el tiempo y con la paciencia de Celsa, acabará cubierta por la vegetación, tamizando la presencia del mirador y trenzándolo al entorno. Lo mismo ocurre con el tono grisáceo que irá adquiriendo la madera paulatinamente. El edificio tiene vida propia. Es un espacio vivo que cada día madura un poco, encaminado a fundirse completamente con la tierra que le ha dado sentido, hasta acabar siendo una de sus posesiones. 
 
Más allá de lo estético, la propiedad de la madera de ser mala conductora del calor unida a la función de aislante que ejerce la vegetación, permite la existencia en la planta inferior de un espacio termorregulado en el que cobijarse de las elevadas temperaturas en verano y de las incómodas inclemencias del invierno, a pesar de ser completamente exterior. 
 
La disyuntiva entre el espacio diáfano que requiere un mirador y las necesidades de la empresa de contar con un espacio polivalente, se resuelve mediante una combinación de tarimas a distintas alturas. El modo en el que están distribuidas permite jugar con el espacio y crear zonas y ambientes distintos en función de las necesidades. 
 
La calidad técnica, la funcionalidad, el respeto al medio y a los principios de sostenibilidad y sus otras muchas cualidades, le han valido para estar seleccionado en los prestigiosos premios FAD de “Ciudad y Paisaje” y en el monográfico de AITIM de “Mejores proyectos de arquitectura en madera 2019”. También reputadas publicaciones internacionales como la chilena Plataforma Arquitectura y la alemana Journal-a, han resaltado el gran trabajo realizado por arkb. Pero el principal mérito de este trabajo reside en el modo en el que supieron crear un espacio en el que el visitante no observa el paisaje, si no que se adentra en él, siendo a la vez espectador y protagonista. Su principal mérito es que es un mirador para estar. Y para saborear. Degustar un vino en su contexto hace que percibamos su sabor con más intensidad y que lo entendamos mejor. Que comprendamos que esa copa de vino contiene el sabor de una tierra, combinación de pizarra, granito, agua y sol. 
 
Las degustaciones que se llevan a cabo en las visitas a la bodega ofrecen esta posibilidad, y también la posibilidad de visitar los viñedos, pero un lugar así, se merecía algo más. Por eso surgió O Faiado da Abadía. Su nombre es, en sí mismo, una declaración de intenciones. La palabra faiado se refiere al hueco que hay entre el techo y el tejado, un espacio que existe por motivos estructurales, que no tiene asignada ninguna misión específica y que, precisamente por eso, puede ser lo que cada uno quiera que sea. Puede ser un desván, un escondite o, incluso, la isla del tesoro. Eso es O Faiado da Abadía, un espacio dentro de otro espacio que facilita que cada uno viva la experiencia a su manera, sin prisas, en el rincón que cada uno elija, pudiendo ir y venir, caminar entre las muestras de cepas con una copa de alguna de esas variedades en la mano, subiendo y bajando escaleras, con O Cabo do Mundo ejerciendo de omnipresente testigo de nuestros movimientos.  Eso es vivir un paisaje. 
 
La figura de wine bar o vinoteca, tan frecuente en otras regiones vinícolas, no existía hasta ahora en la Ribeira Sacra. El visitante tiene a su disposición todos los vinos y licores de Adegas Moure además de una carta de aperitivos en los que los protagonistas son los quesos, las mermeladas y los encurtidos, todo ello, además de exquisito, cuidadosamente escogidos para complementar los productos de la bodega. Sofía y Anxo hacen las funciones de maestros de ceremonias, acercando al individuo al entorno y viceversa.  
 
Ser pioneros implica también enfrentarse a más miedos, dudas e incertidumbres que los que siguen el camino. La imposibilidad de analizar lo bueno o lo malo que han hecho antes hace que el riesgo de error sea mayor. Por si todo eso fuese poco, el primer verano de O Faiado da Abadía se presentaba especialmente complicado por la situación de alerta sanitaria. ¿Podremos abrir las puertas? ¿Habrá turismo? ¿Vamos a por todas o a medio gas? … Finalmente, la ilusión y las ganas de llevar a cabo esa nueva forma de comunicación, esa manera nueva de mostrar la filosofía y el trabajo de la bodega, pudieron más que las dudas y en junio, O Faiado abrió sus ventanas. Para José, “la respuesta ante una situación tan adversa está siendo ilusionante. El feedback que estamos recibiendo es alentador y creo que hemos conseguido nuestro objetivo de tener un espacio en el que el paisaje y el vino lo sean todo”. Ser pioneros conlleva asumir más riesgos, pero, cuando sale bien, la satisfacción es mucho mayor.  
 
Para el equipo de Adegas Moure, especialmente para los miembros de la propia familia, O Faiado ha sido un gran acierto. Les permite interactuar de otro modo con los clientes, hablar cara a cara con ellos, escuchar sus opiniones, observar sus preferencias y sus reticencias con más rapidez e intimidad que mediante los canales que se habían usado hasta ese momento. La experiencia es satisfactoria para ambas partes. 
 
Paloma recuerda que, tras fundar la bodega a finales de los años setenta, en el lugar que hoy ocupan las oficinas de Adegas Moure en la Avenida Buenos Aires de Escairón, “el abuelo Pepe abrió una taberna donde vendía los primeros vinos y licores. La abuela le ayudaba a llevarlo. La idea era hacer negocio, claro, acababa de empezar con la bodega y algo tenía que hacer con lo que producía, pero la parte que más le gustaba estoy segura que era la de charlas con los clientes, con los amigos … Para él eso era lo más. A los pocos años, cuando el trabajo en la bodega empezó a necesitar dedicación exclusiva, cerraron la taberna. Pero el abuelo siempre fue de traer aquí gente, de hacer comidas, de hacer reuniones … Estoy segura de que si estuviese todavía con  nosotros, se pasaría el día en O Faiado de cháchara con todo el mundo”.  
 
Quizás sin haberlo pretendido, este mirador ha hecho que se cierre un círculo y se empiece a trazar otro. Pero son círculos concéntricos. El último trazado guarda en su interior al anterior y así sucesivamente. Sentando sus bases sobre lo ya construido. Como todo en A Cova. 

1 Comentario

Xesus Mazaira Varela · 8 agosto, 2020 - 12:08

Precioso artigo!!! Somos seres máis emocionais que racionais, a nosa vida vaise formando con experiencias, con momentos vividos, a través de esas experiencias vivimos sensacións e sentimos emocións. Cando se xuntan persoas emocionais e raciones crean ese microcosmos con criterio. Crean O Faiado. Estética, beleza, paisaxe, natureza, aire, paz, emoción, plenitude, VIDA, Os visitantes de O Faiado non podemos máis que agradecer a Adegas Moure a labor de creación de sentimentos e de emocións que quedarán grabadas para sempre na nosa retina e no noso corazón. Moitos, moitos parabéns por todo o que sodes e o que significades non só para pequenos emprendedores como nós, nin tan siquera para a Ribeira Sacra, senón para toda a humanidade.
Mil primaveiras máis.
Xesús Mazaira Varela.
Airas Moniz

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